Cómo priorizar proyectos al emprender y tomar mejores decisiones

Cuando empiezas un proyecto propio, especialmente cuando lo haces en el ámbito de la cultura, hay una sensación que aparece con bastante frecuencia y es la de que todo parece importante.

Hay ideas que llevas tiempo queriendo poner en marcha. Otras aparecen porque alguien te hace una propuesta. Surgen colaboraciones, oportunidades, proyectos que pueden generar ingresos, otros que quizá los generen más adelante y algunos que, simplemente, te entusiasman.

Y lo quieres abarcar todo. El problema es que el tiempo no crece al mismo ritmo que las oportunidades.

Durante mucho tiempo he pensado que una de las grandes dificultades de emprender era conseguir oportunidades. Ahora creo que hay otra igual de importante: saber elegir cuáles atender y cuáles dejar, al menos de momento, en segundo plano.

Porque priorizar no significa renunciar, sino decidir qué necesita nuestra atención ahora y qué puede esperar.

No todo lo importante es urgente

Esta distinción parece sencilla, pero en la práctica no lo es tanto.

Todos los proyectos pueden ser importantes, pero no todos pueden ser prioritarios al mismo tiempo. En el ámbito cultural esto es especialmente evidente: convivimos con convocatorias con plazos fijos, proyectos que pueden convertirse en fuentes de ingresos estables, colaboraciones que construyen trayectoria y, al mismo tiempo, ideas propias que queremos desarrollar porque tienen sentido para nosotros

Todos los proyectos pueden ser importantes, pero no todos pueden ser prioritarios al mismo tiempo.

Creo que una parte esencial de emprender consiste precisamente en aceptar esto.

Cuando trabajas por cuenta propia, decir que no puede dar bastante miedo, sobre todo cuando todavía estás construyendo tu actividad y cualquier oportunidad parece valiosa.

Pero aceptar todo también tiene un coste: a veces decimos que sí a un proyecto porque necesitamos ingresos y terminamos descubriendo que consume mucho más tiempo del que habíamos imaginado; o mantenemos abiertas demasiadas líneas de trabajo porque no queremos perder ninguna posibilidad, o incluso seguimos desarrollando una idea propia mientras atendemos otras cinco.

En estos casos siempre ocurre algo paradójico: trabajamos muchísimo, pero sentimos que no avanzamos porque estamos intentando hacerlo en demasiadas direcciones a la vez.

Priorizar como estrategia económica

Hay otra cuestión que me parece especialmente importante cuando emprendemos: priorizar también es tomar decisiones económicas.

No todos los proyectos tienen que cumplir la misma función ni generar resultados en el mismo plazo. Algunos proporcionan ingresos inmediatos y ayudan a sostener la actividad. Otros sirven para construir una relación profesional, mejorar nuestro posicionamiento o abrir una nueva línea de trabajo. También hay proyectos propios que requieren tiempo antes de convertirse en una fuente de ingresos.

En el emprendimiento cultural, esta distinción es aún más clara. Un proyecto que hoy genera ingresos —una producción, una asesoría, una formación— puede estar financiando otro que todavía no los genera, como una línea de programación propia, o un festival en fase de desarrollo. Una colaboración aparentemente pequeña, como una colaboración en un proyecto ajeno, puede convertirse con el tiempo en una relación profesional estable con una institución o un programador. Y una idea que ahora solo ocupa unas horas al mes puede convertirse, dentro de un año, en una nueva línea de negocio

Por eso, antes de aceptar una propuesta, puede ser útil preguntarnos qué aporta realmente: ¿genera ingresos ahora?, ¿puede traer nuevas oportunidades?, ¿refuerza nuestra especialización?, ¿nos acerca al tipo de proyectos que queremos desarrollar? Y, sobre todo, ¿qué tiempo y qué recursos va a exigir?

Porque aceptar un proyecto también tiene un coste de oportunidad. Las horas que dedicamos a una colaboración no remunerada o poco rentable son horas que no podemos dedicar a conseguir nuevos clientes, preparar una propuesta, desarrollar una idea propia o descansar. No se trata de convertir cada decisión en un cálculo inmediato, pero sí de conocer el precio real de nuestro tiempo.

Un proyecto que hoy genera ingresos puede estar financiando otro que todavía no los genera. Una colaboración aparentemente pequeña puede convertirse con el tiempo en una relación profesional estable. Y una idea que ahora solo ocupa unas horas al mes puede convertirse, dentro de un año, en una nueva línea de negocio.

Lo importante es saber qué papel juega cada oportunidad dentro de nuestra estrategia. Podemos tener proyectos de sostenimiento, proyectos de crecimiento y proyectos de exploración. Lo que no resulta sostenible es pedirles a todos que hagan lo mismo o mantenerlos todos abiertos sin saber qué lugar ocupan.

En este sentido, últimamente, en lugar de preguntarme únicamente qué quiero hacer, intento preguntarme qué necesita mi actividad en cada momento. A veces necesito ingresos y estabilidad; otras, terminar algo que tiene una fecha concreta; otras, reservar tiempo para construir una nueva línea de trabajo. Y, en ocasiones, necesito parar, porque nuestra energía también es un recurso económico y profesional limitado.

Priorizar no significa elegir solo lo que ofrece un retorno inmediato. Significa distribuir el tiempo y los recursos de forma consciente para que el presente sostenga el futuro.

Emprender de forma sostenible

Quizá esta sea la reflexión que más me interesa compartir.

Existe una cierta idea del emprendimiento como un trabajo en el que hay que aprovechar cada oportunidad, trabajar más horas, estar siempre creando y no dejar pasar nada, pero no estoy segura de que esa sea una buena manera de construir un proyecto profesional sostenible.

Quiero pensar que emprender también puede consistir en elegir, en dejar algunas cosas para más adelante, en decir: esto me interesa, pero ahora no toca o en concentrar la energía en dos o tres objetivos y permitir que los demás esperen. Incluso en aceptar que una buena idea puede seguir siendo una buena idea dentro de seis meses.

Esta es, probablemente, la idea que me gusta recordar cuando vuelvo a encontrarme con demasiados frentes abiertos. Priorizar no significa decidir qué proyectos valen y cuáles no, sino decidir qué proyecto necesita hoy mi atención.

Porque cuando empezamos el camino del emprendimiento, es importante tener claro que crecer profesionalmente no consiste en hacer cada vez más cosas, sino en hacer cada vez mejor las que realmente importan.

Es bastante complicado, sobre todo al principio con la incertidumbre y la inseguridad que genera el salto al vacío, pero creo que merece la pena intentarlo y también compartir cómo lo hacemos, porque sospecho que esta dificultad de elegir qué poner primero es bastante más común de lo que parece.

¿Cómo priorizas tú cuando tienes demasiados frentes abiertos? ¿Qué criterios utilizas para decidir qué va primero y qué puede esperar?